Guadalajara, Jalisco. — 25 de agosto de 2026.
Después de cuatro años y medio de proceso judicial y más de una década desde que ocurrieron los hechos, David “C”, quien se desempeñaba como maestro de la Escuela Preparatoria Regional de Chapala de la Universidad de Guadalajara (UdeG), fue declarado culpable por el delito de abuso sexual infantil en perjuicio de Daniela Báez.
La sentencia estableció una pena de ocho años de prisión. Sin embargo, el proceso todavía no concluye. La defensa cuenta con un plazo de diez días para presentar una apelación, por lo que la resolución deberá pasar por las instancias correspondientes antes de que la sentencia quede firme.
Daniela ha señalado que una de las partes más difíciles del proceso fue esperar durante años para ser escuchada. Los hechos ocurrieron en 2014, cuando ella era menor de edad, pero fue hasta 2022, ya siendo adulta, cuando denunció formalmente. Durante el juicio, que tuvo una duración aproximada de 14 horas, Daniela pudo presentar su testimonio y confrontar judicialmente una historia que, asegura, durante años estuvo marcada por la falta de respuesta de distintas figuras de autoridad.
“Yo lo único que estaba buscando en todo este proceso era que alguien me dijera: te creo, no fue tu culpa”.
Para Daniela, escuchar una resolución de culpabilidad representó un momento de alivio después de años de espera.
Aunque existe una condena de ocho años, actualmente David “C” permanece bajo prisión preventiva y la defensa busca modificar la medida cautelar.
El argumento planteado por la defensa parte de que, cuando ocurrieron los hechos, en 2014, el delito de abuso sexual infantil no contemplaba la prisión preventiva oficiosa en los términos actuales. La pretensión es que pueda enfrentar el proceso en libertad mientras se resuelve la apelación.
Desde nuestra perspectiva, la discusión no debe reducirse únicamente a una cuestión de procedimiento. Después de años de espera, una eventual modificación de la medida cautelar debe analizarse considerando también las condiciones de seguridad, el riesgo de evasión y la obligación del Estado de garantizar que una sentencia pueda ejecutarse.
La defensa tiene derecho a recurrir la resolución. Daniela también tiene derecho a que el proceso que inició años atrás no vuelva a convertirse en una espera interminable.
¿Qué hizo la UdeG mientras Daniela buscaba justicia? El caso también deja preguntas pendientes sobre la actuación institucional de la Universidad de Guadalajara. David “C” fue profesor de la Preparatoria Regional de Chapala y, de acuerdo con la información disponible sobre el caso (Ya que Censuro mas de 8 paginas de la resolutiva que nosotros pedimos vía transparencia), su separación de la institución ocurrió tiempo después de que Daniela denunciara los hechos.

Esto obliga a preguntar qué hicieron las autoridades universitarias cuando tuvieron conocimiento de la situación y qué mecanismos existían para proteger a una estudiante que señalaba haber sido víctima de abuso.
Este patrón se repite muchísimo en preparatorias de la UdeG donde según testimonio de al menos 15 casos registrados por Revista Para Esto! El primer contacto que debería ser “imparcial” termina siendo una de las primeras formas de disuasión para las denuncias contra los agresores, donde hemos visto como se inclinan a que debería ser la víctima quien tenga que abandonar un salón, cambiarse de grupo o incluso alejarse de su comunidad educativa para sentirse segura.
En las preparatorias y centros universitarios, el primer contacto de una víctima con una autoridad puede definir si decide continuar denunciando o guardar silencio. Por eso resulta fundamental que quienes reciben este tipo de señalamientos sepan actuar, proteger a la víctima y activar los mecanismos institucionales correspondientes. Una institución educativa no puede limitarse a reaccionar cuando un caso llega a los tribunales.
Durante el juicio, Daniela defendió la importancia de su testimonio y dejó una frase que resume el fondo de su lucha:
“Los adolescentes no se tocan”.
Hoy existe una sentencia condenatoria, pero también quedan preguntas sobre todo lo ocurrido antes de que el caso llegara a un tribunal.
¿Cuántas autoridades conocieron la situación y qué hicieron? ¿Qué medidas tomó la Universidad de Guadalajara para protegerla? ¿Por qué la respuesta institucional no llegó antes? Estas preguntas no desaparecen con una sentencia.
Desde @Revista Para Esto! consideramos necesario señalar que cualquier estudiante, trabajador o integrante de la comunidad universitaria que enfrente una situación de abuso debe tener acceso a mecanismos reales de denuncia y protección.
Si eres estudiante de la UdeG y has sufrido o presenciado una situación de abuso por parte de un compañero, profesor, trabajador o autoridad, denuncia y busca acompañamiento. El silencio institucional no puede convertirse en otra barrera para acceder a la justicia.
El caso de Daniela tardó años en llegar a una sentencia. Ahora, mientras se define si habrá apelación y qué ocurrirá con la medida cautelar, la justicia todavía tiene una tarea pendiente, garantizar que la resolución pueda cumplirse y que la víctima no vuelva a quedar sola frente al sistema.
La justicia no termina con una sentencia. También implica que las instituciones respondan por lo que hicieron —o dejaron de hacer— antes de que el caso llegara a un tribunal.
— La Lucha Continúa!
Mario Antonio López Carbajal
Director General de Revista Para Esto!
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