Guadalajara, Jalisco — 30 de marzo de 2026
Ayer en la jornada semanal de pega de cédulas en la zona de La Minerva, el Colectivo Luz de Esperanza, Jalisco.. a través de su Vocero Héctor Cuñado expreso a este medio la preocupación sobre las nuevas formas de manejo de las carpetas de investigación y el incremento en la desaparición de mujeres ante la cercanía del Mundial.
Mientras continúan las discusiones institucionales sobre registros y mecanismos de búsqueda de parte del Gobierno de México, integrantes del colectivo señalaron que basar la crisis de desaparición en las carpetas de investigación representa un error estructural. Denunciaron que este enfoque reduce la magnitud real del problema, ya que una gran parte de los casos nunca se denuncian formalmente.
“Basar la crisis en registros es ideológicamente terrible. Por cada persona que denuncia, hay entre cuatro y cinco que no lo hacen. Entonces, construir toda una política pública sobre carpetas de investigación es minimizar lo que realmente está pasando”.
En ese sentido, criticaron que los nuevos esquemas, como el Registro Nacional vinculado a las carpetas, terminan funcionando más como mecanismos administrativos que como herramientas efectivas de búsqueda. Para el colectivo, esto no solo invisibiliza a miles de personas desaparecidas, sino que también desvía la atención de la urgencia real, la de encontrarlas en vida.

A pesar de que algunas reformas recientes, como homologar la búsqueda inmediata sin necesidad de esperar 72 horas, representan avances en el papel, señalaron que el problema sigue siendo la implementación. Las instituciones, como la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Jalisco como Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas México, se encuentran rebasadas y sin la capacidad operativa ni presupuestal para atender la crisis.
“No es solo cambiar leyes o protocolos, es meterle recursos. Porque de nada sirve que esté escrito si no se puede ejecutar”.
En paralelo Hector lanzó una alerta sobre el incremento en la desaparición de mujeres en distintas regiones del país, fenómeno que vinculan directamente con redes de trata de personas y explotación sexual.
De cara al Mundial, advirtieron que el aumento en el flujo turístico podría agravar esta situación si no existen medidas reales de prevención y protección.
“La desaparición de mujeres tiene muchas aristas, pero una muy clara es la trata. Si el Estado no refuerza protocolos y seguridad, con la llegada de turistas esto puede empeorar. Ya estamos viendo señales, como lo que pasó en Cancún”.
Señalaron que entidades como Nuevo León, Estado de México, la Ciudad de México y Jalisco podrían convertirse en focos críticos durante este periodo, debido a su conectividad, dinámica económica y flujo constante de personas.

En este contexto, la pega de cédulas adquiere un sentido aún más urgente. Más allá de ser un acto de memoria, se convierte en una herramienta directa de búsqueda ante la insuficiencia institucional.
“La pega no es para incomodar políticamente. Es porque el Estado no está haciendo la búsqueda como debería. Es una acción de vida”.
Mientras espacios como La Minerva son intervenidos para proyectar una mejor imagen de la ciudad rumbo a eventos internacionales, las familias recuerdan que la crisis de desaparición sigue siendo una deuda abierta, particularmente para las mujeres, quienes enfrentan riesgos específicos en un contexto marcado por la violencia estructural y la trata.
La acción del colectivo deja claro que, frente a un Estado rebasado y una estrategia centrada en cifras incompletas, la búsqueda sigue recayendo en las propias familias.
Lo que se está viendo no es solo una falla institucional, sino una forma muy específica de administrar la crisis. El gobierno ha optado por apropiarse de la lógica de la ciencia —los registros, las estadísticas, las metodologías “objetivas”— no para profundizar en el problema de la desaparición forzada, sino para contenerlo, reducirlo y hacerlo administrable en términos políticos.
En lugar de utilizar estas herramientas para ampliar la búsqueda, reconocer la magnitud real del fenómeno y actuar en consecuencia, se usan para delimitarlo. La cifra sustituye a la vida. La carpeta de investigación sustituye a la persona. Y todo aquello que no entra en el registro, simplemente deja de existir para el Estado.
Esto no es casual. Es una forma de construir una verdad oficial: si no está en la base de datos, no cuenta. Si no hay denuncia, no hay desaparecido. Bajo esta lógica, la ciencia deja de ser una herramienta para conocer la realidad y se convierte en un instrumento para administrarla ideológicamente.
El problema es que la desaparición forzada no funciona bajo esos parámetros. Es un fenómeno atravesado por el miedo, la desconfianza institucional y la violencia estructural, donde miles de casos nunca llegan a formalizarse. Entonces, basar toda la estrategia en registros incompletos no solo es insuficiente, es profundamente funcional para minimizar la crisis.

Mientras se invierte en infraestructura, en seguridad focalizada y en la proyección internacional de una ciudad “segura”, la crisis de desaparición —particularmente la de mujeres— no se resuelve, apenas se gestiona. Se limpia la superficie, pero no se toca el fondo, en ellos la lógica científica, en manos del poder, deja de ser una herramienta de emancipación y se convierte en un mecanismo de control, ordenar los datos para desordenar la realidad, medir la crisis para no transformarla.
— ¡Vivos se los Llevaron! ¡Vivos los queremos!
— La Lucha Continúa!
Mario Antonio López Carbajal
Director General de Revista Para Esto!
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