Jalisco no es Guadalajara
y Guadalajara no es Jalisco.

Faltan cuestión de horas, minutos y segundos para que de inicio el ruede del balón, veintidós hombres corriendo detrás de una pelota a la resonancia de millones de pesos para las clases hegemónicas del país y fuera de él. Capital regateado de la clase trabajadora para “adornar” estéticamente las sedes mundialistas en México: Nuevo León, Jalisco y la Ciudad de México.
México ha sido históricamente casa mundialista en dos ocasiones: 1970 y 1986. Temporalidades llenas de luchas sociales y presidentes con carácter de dictadores entre ellos Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid Hurtado. Durante la primera sede México se encontraba en plena fase de guerrillas rurales y urbanas en casi todos los estados del país, los cuales fueron aplastados, asesinados y desaparecidos por la Dirección Federal de Seguridad, DFS, en síntesis el Estado. Eso contando los hechos desgarradores de 1968 en Tlatelolco. Para la segunda ocasión, México estaba cruzando una crisis financiera determinada por el despilfarro del supuesto Milagro Mexicano petrolero. En esta ocasión los mexicanos en los estadios de fútbol le gritaban al presidente de la república “culero” y un sinfín de aventadas de madre más, incluso el pueblo, según testimonios de la época, decían “No queremos gol, queremos frijol”.
Ahora las condiciones cambiaron. Esta tercera sede es un negocio rotundo para el gobierno federal y el local, remachan las carencias del pueblo jalisciense con propaganda de limpieza, eso tiene nombre y apellido, se llama eugenesia urbana al mero estilo del porfiriato. Por otro lado, vigilan y acosan las calles para no “amedrentar” su fiesta, la fiesta de la burguesía y del opio del pueblo, como lo llegó a decir Marx en base a la religión durante el siglo XIX.
Jalisco es el estado con la mayor cifra de desaparecidos en el país, escases de vivienda y agua en zonas aledañas a la zona metropolitana de Guadalajara, el campesinado jalisciense que vive en municipios periféricos a la zona central sufre de pobreza extrema sobre los precios de los monopolios extranjeros, narcotráfico en todos los puntos visibles e invisibles de la región ¡le paramos o seguimos diciendo verdades! Eso sin contar la educación precarizada en el estado y una Universidad de Guadalajara secuestrada porgrupos de poder clientelares y déspotas.

A las auras del 11 de junio ya hubo represiones violentas contra maestros y maestras de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE en la capital del país por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum que supuestamente se jactan de “izquierda” y actúan sobre el “humanismo mexicano” ¿qué nos espera aquí en Jalisco con el gobierno de Pablo Lemús Navarro que no le tiembla la mano para utilizar las fuerzas represivas contra el pueblo?
Aquí hacemos un llamado al pueblo de jalisco ¿qué vale más un mundial esporádico y derrochador de capital o la dignificación humana de la clase trabajadora? Los derechos humanos no son un juego que duran noventa minutos más tiempos extra, la intensidad no se vivirá dentro de los estadios, sino fuera de ellos. La disidencia jalisciense está preparada para afrontar las desigualdades de nuestra realidad pronta, acuerpar a los colectivos de búsqueda y preparar la mejor arma que tenemos: la organización y la lucha por la justicia social.
Seamos realistas y hagamos lo imposible, no hay revolución sin evolución de conciencias.
Canser.




















