Guadalajara, Jal. – 04 de Mayo de 2026

Ayer hubo pega de cédulas en la Glorieta de las y los Desaparecidos por parte del Colectivo Luz de Esperanza, Jalisco. Nada nuevo en una ciudad donde la memoria se sostiene a base de papel pegado y nombres que no dejan de aumentar día a día, pero esta vez hubo algo que, aunque siempre está, pocas veces se pone al centro, las infancias, las niñas y niños que viven con la perdida que aún no entienden muchas veces.

Una acción que, aunque pueda parecer sencilla, tiene un peso enorme en medio de la ausencia. Como mencionaron integrantes del colectivo, muchas veces la lucha se centra en la búsqueda, en el vacío y en el dolor, dejando en segundo plano a las infancias que también viven estas ausencias. Desde lo institucional, señalaron, tampoco existen los apoyos suficientes ni la atención especializada que estas niñas y niños necesitan. Porque mientras todo gira en torno a la ausencia, hay quienes crecen dentro de ella.

“Estamos envueltos en la búsqueda… y a veces olvidamos que ellos también”, Dijo Héctor Cuñado

La búsqueda absorbe todo. El tiempo, la energía, el cuerpo. Y en ese proceso, las niñas, niños y adolescentes quedan al margen, incluso dentro de sus propias familias. No por descuido, sino por lo que implica sostener una búsqueda en este país. Las infancias no solo acompañan, también participan. En muchas ocasiones ayudan en las pegas, quieren formar parte, quieren sentirse incluidos dentro del proceso de búsqueda. Y aunque siempre existe el cuidado de no exponerlos a más violencia, su participación también es una forma de resistir y de no sentirse relegados.

Estas actividades buscan justamente eso, hacerlos sentir parte, reconstruir un poco de comunidad en medio de la ruptura, y regalar, aunque sea por un momento, algo de alegría.

Todo esto mientras las cifras siguen ahí, sin necesidad de repetirse demasiado. Más de 700 infancias y adolescencias desaparecidas en Jalisco. Y detrás de eso, lo de siempre, violencia vicaria, reclutamiento forzado, entornos que expulsan. Y un Estado que sigue trasladando la responsabilidad hacia la “prevención” individual, mientras las condiciones que permiten la desaparición permanecen intactas.

“…no estamos obligados a encerrarnos, a modificar la vida cotidiana para sobrevivir. La seguridad tendría que estar garantizada. Pero no lo está.” Dijo Héctor Cuñado

Por eso estas jornadas terminan siendo más que actos simbólicos. Son formas de sostener la memoria, sí, pero también de señalar lo evidente: que incluso en medio de la búsqueda, hay vidas que están creciendo entre la ausencia.

Y que esas vidas también importan.

— La Lucha Continúa!

Mario Antonio López Carbajal

— Director General de Revista Para Esto!

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