Domingo 30 de agosto de 2026| Guadalajara, Jalisco| El 30 de agosto son esos días a nivel nacional donde no hay nada que celebrar, sino conmemorar la misma memoria de la desaparición forzada en nuestro país. Paisaje que nos recuerda el grado de violencia que día con día acogemos en nuestra cotidianidad, nación manchada con sangre por el crimen organizado en conciliación con el Estado articulados por el capitalismo salvaje que nos observa como mercancías, como simples objetos y no como seres humanos.
En el marco de esta rememoración miles de familias en situación vulnerable al frente y agrupaciones revolucionarias consientes del marco necropolítico salieron a marchar para alzar la voz, llenando el centro de la ciudad de Guadalajara con mantas, lonas y células de búsqueda de victimas por la desaparición forzada. Cada alma presente cargó con la imagen tangible de lo invisible, de lo que está pero no puede apreciar, abrazar y besar. Una ausencia emocionalmente inconcebible difícil de hacer una lectura como espectador.

El punto de reunión ocurrió en la mañana en la Glorieta de los Desaparecidxs, anteriormente Niños Héroes, sitio apropiado por la familias buscadoras como recordatorio al gobierno local de la responsabilidad de localizar a cada uno y una con vida, porque ¡vivos se los llevaron, vivos lo queremos! En el trascurso de la odisea a los ojos de los transeúntes tanto de los ciclistas de la vía recreativa pasó la oleada de masas vociferando la localización de la mitad de su corazón arrancado por falsas promesas de trabajo, mano de obra podrida que recluta la labor de la delincuencia a la vista de un Estado indolente pintado de naranja a las ordenes del gobernador Pablo Lemús Navarro, sus guarros y todos sus aparatos de control.

El contingente culminó en Palacio de Gobierno donde nadie salió a recibirlos y a recibirlas durante sus pronunciamientos tanto testimonios, así como tantas veces fiscalía no da resultados ni respuestas. Recordemos que Jalisco es el estado con más desaparecidxs, la cifra ya hasta duele que remarcarla pecaría en la lógica de una realidad alterada con los números porque a diario alguien ya no regresó a casa. Sabemos con certeza los responsables de la problemática, la estructura y los cimientos de la indolencia. Sin embargo, no habrá cielo, mar y tierra; luz y esperanza que detenga la búsqueda. La lucha de los familiares buscadores y buscadoras es nuestra lucha porque no sabemos con certeza cuando será nuestro momento. Siempre con el lado de la justicia social y con la conciencia de nuestra realidad material.
Canser




















