
Cuando pensamos en 8 de marzo, la palabra resistencia siempre se encuentra ahí, a veces no tan visible. La resistencia que se encuentra en cada mujer que, a pesar de ser violentada constantemente, sigue luchando; la resistencia de las mujeres que cada semana asisten a búsquedas y pegas de cédulas para intentar encontrar a sus hijos. La resistencia de esas madres que trabajan más de 8 horas por criar a sus hijos solas. La resistencia de cada uno de esos saberes heredados por nuestras antepasadas que con tanto afán intentaron borrar; la resistencia de seguir retando a un sistema que te cree incapaz.
Esta revista se caracteriza por intentar romper con esta narrativa dada que parece ser la única y que, casualmente, siempre está a favor del opresor. Así que giremos un poco la mirada a una realidad que no mucho se muestra en medios.
En la marcha de este año, además de la rabia que indiscutiblemente tiene milenios de historia que la respalda, hubo acompañamiento; miles de voces que en algún momento sufrieron en soledad. Pero ese día no fue una sola voz la que se atrevió a gritar, sino miles de voces distintas que se encontraron y se acompañaron, unidas por una experiencia en común: la violencia.
Se pudo observar una organización que buscó contemplar distintas realidades; sin duda, una organización hecha por mujeres. Hubo contingentes como el de carriola, pensado para las madres que marchaban con sus hijos; el de morras neurodivergentes o el de “mi primera vez”, dentro de la marcha convocada por el Frente Feminista de Jalisco.
La jornada también fue una fiesta, celebración de la lucha y del orgullo de ser mujer, acompañada de música, cantos y bailes.
El 8 de marzo es un día en el que se visibiliza la realidad de las mujeres, independientemente de si se consideran feministas o no. Luchar por retirar la bota que te mantiene en el piso es un derecho que todas tenemos. Por ello, visibilizar la lucha desde diferentes perspectivas resulta fundamental, así como aprender a mirar también a la de al lado. No a todas nos atraviesan las mismas experiencias, pero sí un mismo sistema: capitalista y patriarcal.
— La Lucha Continúa!
Lily Galarza
Revista Para Esto!






















