Guadalajara, Jalisco — 09 de mayo de 2026
La tradición de la resistencia
En la tradición de la resistencia, el fracaso es mérito por necedad. Los éxitos, parciales, son examinados bajo lupa. Como anomalía de la naturaleza, ocurren. Pero ello no es excluyente de la celebración, pues el festejo es identidad. Un precedente donde nos reconocemos luchadores; donde el reflejo convocatorio hace comunidad en la desolación. Sobre un terreno árido, infecundo, el alzamiento de la vida emerge desde la negatividad, que origina toda esperanza. Seno en sombra o surco en donde la semilla de la muerte es cosecha del mañana, tras arar en el mar, una perla multiforme, bellísima, abre por lo alto la concha y da cuenta de sus hallazgos a los incrédulos.
El pasado miércoles 6 de mayo, con la participación de estudiantes en lucha que acuerparon sus demandas a las oficinas principales de CUCSH, se consumó un cometido que presumía terminar como suelen todas las causas autónomas: en la nada. Sin embargo, y gracias a la persistencia encabezada por integrantes de la Asamblea CUCSH, el posicionamiento en rechazo a la suspensión por adeudo que ponía en riesgo la continuidad académica de decenas de estudiantes con retraso, consiguió dar marcha atrás a los avances que, sin lugar a dudas, eran la salida fácil de Rectoría para subsanar el despilfarro.
Todo empezó con un saloneo. Por el plazo de dos días, representantes de la Asamblea recabaron el total de 500 firmas, mismas que acompañaron de un pliego que fue entregado a las autoridades correspondientes. Se llamó a Canal 44 para la cobertura de los acontecimientos por venir. No fueron atendidas las peticiones en primera instancia. Fue requerida la presencia de alumnos y alumnas que presionaran, ante la indiferencia como fueron acogidas las primeras personas en abarrotar el ingreso a Rectoría. Según se demuestra en un dossier que luego la Asamblea CUCSH publicó a través de Instagram el 8 de mayo, la secretaria administrativa, Nallely Robles, figura clave dentro de las negociaciones posteriores que en un comienzo se mostró reacia a reconocer la legitimidad del movimiento, dio aviso que solo “firmaría de recibido” el documento elaborado por estudiantes. En el transcurso de una hora se extendió la invitación a unirse. Hubo quienes respondieron. Aumentaban las tensiones. Videos grabados en el momentos de los hechos capturan la atmósfera, como polvorín al que encendieran una mecha peligrosamente corta. Acude al sitio la rectora. Hacemos el llamado a través de las redes sociales de la Asamblea estudiantil de CUCSH que vengan a acuerpar la manifestación, a las compañeras y los compañeros de la Asamblea Interuniversitaria y a las compañeras y a los compañeros que están abajo, en los pasillos, y en el Paseo de las jacarandas. Aquí hubo un compromiso. La secretaria académica se comprometió a firmar la revocación de la baja del adeudo (sic). Que lo que están haciendo hoy, como lo han hecho en otras ocasiones, es querer desgastarnos con un diálogo que sabemos que no va a llegar a nada. Hubo un compromiso y se comprometieron a firmar nuestra petición, que es la revocación, asevera al megáfono un asistente de la concentración. Se acordó que el lugar para la discusión sería el Auditorio Rosario Castellanos. A puerta abierta. Yo ahí estuve y por eso lo cuento.
Ni que fuera Suecia
Los ánimos en el auditorio se tensaron a la llegada de integrantes de la FEU, ocupando los asientos al fondo. Aunque era más que evidente el agravio, lo que trastocaba la paciencia de los asambleístas era una actitud, el cinismo y el descaro, los aplausos huecos. Aplausos de autocomplacencia y reafirmación. Impositivos. En segundos, las tensiones, los conatos de agresividad que harían caer en descrédito la lucha por la invalidez de la suspensión. Un comentario en broma y la asamblea, que tras la irrupción porril es señalada por no guardar silencio ni respetar a sus iguales, se levanta de sus asientos. Hay luchas de larga duración y este es un claro ejemplo de dos fuerzas inconciliables cuya radical diferencia se respalda en una base que solo a los y las portadores de la razón sitúa a la vanguardia: la legitimidad. Incógnita que se responde sin mayor acopio de recursos, la causa es en sí misma su carta credencial. Mientras que a unos rechazan o ignoran si no es por el mero afán gregario de pertenecer o acceder a un privilegio de casta, el bando al que responden las autoridades universitarias eligió sentarse a metros de la FEU. Refleja el auditorio al salón de clases; más aún, reproduce las dinámicas de poder entre necesidad y elección, entre las demandas legítimas y los trámites burocráticos. Las bancas y Control Escolar, etc. Dulce María Zúñiga Chávez, la rectora, suscribe posicionamientos que desmiente en las acciones. Recalcitrante, su muletilla de preferencia, deudora del budismo Zen, rezuma perplejidad: No EntiendoNo entiendo, se repite. La consigna pareciera tener como propósito enrarecer las aguas. Se termina por hablar de sueldos raquíticos, presupuestos estatales que castigan a la educación superior, simpatías, orgullo universitario. Poco falta para reivindicar los rollos de papel. Intervienen en el público participaciones que se lleva el viento. Los mediadores moderan. Primero lo primero: ¿firmará Zúñiga Chávez el papel en donde Rectoría se compromete a nulificar la baja temporal por adeudo? Sí o no. Sin matices, las opciones a considerar son bola blanca o bola negra.
A la mesa de debate – Rectoría a la izquierda, Asamblea por la derecha – la compartimentan dos franjas extremas. A dos de tres caídas, sin límite de tiempo. Por caminos inescrutables, la dualidad es lugar común y redundancia: dos bandos opositores encarnan las facciones en una disputa que simboliza brechas subterráneas. Económica, de movilidad: el rosario de carencias no expondría con exactitud el estado de las cosas. Primordialmente una riña de clase que afecta a los bolsillos, sin una resolución de fondo para la comunidad estudiantil de escasos recursos, en el intercambio, en el estira y afloja queda al descubierto la incompetencia comunicativa del lenguaje burocrático: No entiendo, frase lapidaria que ejemplifica, quizá no a todas, sí gran cantidad de las luces: se administra desde los cubículos a un centro de estudios superiores cuyas acotaciones no alivian las boletas de pago. La moderación, habida cuenta la elevación de la temperatura, en un incremento sostenido de decibeles que se desgañitan, hace un atento llamado a la prudencia, suplica silencio, descalifica las reprimendas. Zúñiga Chávez (¿en burla, irónicamente; aligerando las solemnidades, midiendo qué tan susceptibles a las bromas son las personas?)  suelta una humorada para la posteridad. Palabras más, palabras menos: Ni que viviéramos en Suecia para no pagar las cuotas. El aforo delantero revienta en una carcajada sonora. Compañeros, les pedimos guardar silencio. Compañeros, respeten. Las apelaciones directas rompen con la verticalidad: en la primera fila de la sección Este de las butacas, se invoca el Artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Zúñiga Chávez rectifica. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Porque todo lo hondo es bien profundo, la rectora reformula: el pago semestral es una práctica generalizada en todas las universidades públicas del país. Tan fácil como suena. Cobijándose al amparo de castigos presupuestales, el H. Consejo dictamina la cobranza punitiva contra estudiantes morosos.
Pasa el micrófono por turnos para dar voz a los monólogos. El muro de la intransigencia raya en tautología banal. Charolazo que obnubila el juicio, la condonación del adeudo, generosa en el papel, no restituye la confianza si no todo lo contrario. La problemática: el orden preventivo de una multa al vapor que transfiere las obligaciones a un personaje en clara desventaja, el estudiante promedio. Independientemente la justificación, bajo un modelo educativo que se precie de democrático, prescribir la morosidad reproduce el clásico estilo priista de nacionalizar la deuda. Pasar la papa caliente en espera – o no – de que nadie resulte con quemaduras. En una realidad alterna, ideal, una quimera utopista donde el centro universitario se administrara por autogestión, sería factible amortiguar el déficit en bloque. Además, no olvidemos que el emparejamiento conllevaría por consecuencia beneficios de los que, en lo cotidiano, no goza ningún alumno o alumna sin adscripción a la FEU. Como quien espera de sus abuelos heredar cuantiosas riquezas y solo desarrolla enfermedades, el sector estudiantil más golpeado es, proporcionalmente, el más desprotegido. Al público de la Rosario Castellanos no le valen las promesas. Aunque se haya comprometido la Rectoría a no sancionar, se exige a la mesa de debate una firma de la propia Zúñiga Chávez que selle lo que se sostuvo en palabras. No comprender las afectaciones a las minorías es también un claro síntoma de privilegio. Por muy prometedores, el dilema rebasa los ofrecimientos a posteriori. No es la reparación del daño lo que indigna: es el daño, la carga de juicio moral sobre la impuntualidad en los pagos; que haya, en resumen, dos figuras seudojurídicas, el castigo y el perdón, sin que fuera cometido ningún crimen que atente contra la subsistencia económica de la UdeG.
Según cuál sea el veredicto final, de la resolución que se derive por estas deliberaciones depende la naturaleza y gravedad de la recepción. Propensos al estallido, los ánimos a flor de piel son sensibles a evolucionar en, a un par de semanas para los exámenes ordinarios, una tentativa de paro. Nunca sabremos lo que por la cabeza de la rectora pasó durante aquella tarde. Conforme al auditorio van integrándose más feuístas, quienes hacen propias las alusiones al “respeto” y proceden a desgastarse las manos en estruendosos aplausos – única contribución real a este diálogo a dos voces – se percibe un retroceso en la medida que más parecen importar cuestiones laterales. Se desvía del foco de atención la promesa de no sancionar las omisiones voluntarias. Entonces, despertando una viva irritación en los presentes, vemos levantarse a la rectora, para después, con la ayuda de dos mujeres en uniforme que la sostienen al desplazarse del asiento a una silla de ruedas, momentáneamente retirarse tras bambalinas, a un área contigua del podio. Aprovecha la confusión Patricia Córdoba, secretaria académica, quien, apoderándose del micrófono, en una arenga al uso cuyo fin exclusivo es comprar tiempo, se dirige no a los alumnos, al Orgullo Universitario. En lo general, el disentimiento no se propone una rebelión que descoyunte de manera irreparable los cimientos de la universidad; más bien, a juzgar el pliego de 6 puntos, su propósito, más apegado al reformismo, prevé el establecimiento de acuerdos en lo inmediato, a nivel institucional.

Horas enteras en que el forcejeo no da los resultados previstos. No obstante, contra todos los pronósticos, el escepticismo, el desgano, hacia las 6:00 p.m. la doctora desiste: hay firma. Educacióoooooon primero al hijo del obrero. Educacióoooooon después al hijo del burgués. Educacióoooooon privada, que se vaya a la chingada. Se invierten los papeles. ¿Quién aplaude ahora? La organización estudiantil. ¿De quién es el crédito? Este fue un logro de la comunidad autoorganizada. No le agradecemos a las autoridades. Nosotros dimos de nuestro tiempo, dimos de nuestra energía, subraya una asambleísta. El incendio no fue provocado por combustión espontánea: hubo detrás una voluntad que empuñó la antorcha. Asombro, extrañeza, júbilo. Secunda la moción el pleno, en representación de Rectoría.

“Se llegó a un acuerdo general con la Dra. Dulce Zúñiga después de las negociaciones con la Asamblea CUCSH. Se retirará la condicionante que establecía que, si el adeudo no era finiquitado o condonado antes de junio, las y los estudiantes que no pudieran pagar serían enviados a suspensión temporal. Al menos durante la actual administración, se asumió el compromiso de que esta medida no será aplicada. Esto representa un claro logro de la Asamblea CUCSH y demuestra la capacidad de organización que puede gestarse desde abajo”, escribe a la par la redacción de ParaEsto! en sus redes sociales.
Epílogo en el Jardín japonés
 
Quien tras concluir el diálogo saliera del auditorio al andador principal de CUCSH, encontró que el curso habitual de las actividades académicas no sufrió interrupción alguna. Una paz que no tiene explicación atravesaba las áreas verdes. Con sus contradicciones inherentes, en la biblioteca, en las aulas de clases, la más absoluta armonía. Como dos realidades paralelas que jamás confluyen, por un lado las personas que participaron durante las negociaciones, por el otro los que no, una región invisible, una trinchera de silencio abarcaba el terreno baldío de CUCSH, desde las puertas del Rosario Castellanos a la salida. Se escuchaba cantar a los pájaros en las ramas. El tráfico de San Isidro a las afueras. Se escuchaba el viento correr entre la fronda, pero no las voces de jóvenes celebrando el éxito. A una plancha de concreto se dirigió la comitiva de la Asamblea. Se hizo público el anuncio de la concesión.
Hoy, a 9 de mayo, cuesta creer que las autoridades universitarias no tengan en sus planes un resarcimiento que las reintegre como autoridad moral. Tanto podría ocurrir un apuñalamiento en vacaciones, que no es cosa menor, como no suceder ninguna dificultad para el semestre que viene. Lo único cierto es la firma donde está a resguardo la seguridad de quienes no cuentan con los recursos. Y eso ya es mucho decir.
 

— La Lucha Continúa

Sebastián Rojo

Nuevo Corresponsal de Revista Para Esto!

#ProtegerLaDignidad #PeriodismoEnRiesgo #LaLuchaContinúa


ANEXO

— ¡Por una Universidad Pública, Gratuita y Científica!
(Consigna del Movimiento Estudiantil “Frente Estudiantil Revolucionario”, Guadalajara, Jal.1970).

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