25 de abril de 2026 – Guadalajara, Jalisco
Nos gustaría decir que exageramos, pero la situación que enfrentamos es como para indignarse y destruir todo. En México el feminicidio no termina con el asesinato de una mujer. La violencia continúa sobre sus hijas, hijos, madres, padres y familiares, quienes además de enfrentar el dolor de perder a sus seres queridos quedan atrapados en un sistema marcado por la burocracia y la impunidad. La verdad nos llegan muchos casos a nuestras redes sobre cómo es que, aparte de sufrir violencia, quedan atrapadas en un sistema donde exige mucho y da poco, cuando lo mínimo es justicia.

En Jalisco, por ejemplo, también se ha visto un incremento en la violencia vicaria, una forma de agresión donde los hijos e hijas son utilizados para dañar a las madres. No fue poco cuando en Enero de este año vimos que una madre tuvo que mantener un plantón afuera de Casa Jalisco durante semanas para exigir la restitución de su hijo, acompañada por otras mujeres víctimas de la misma violencia. Mientras las autoridades permanecían inmóviles, madres organizaron actividades, instalaron casas de campaña y sostuvieron entre ellas una lucha que el Estado decidió ignorar. Elisa Celis denunció que esperaba una respuesta del gobernador, pero “no ha habido” ninguna acción.
Y no solo sucede en esto. Mario Marlo, para Somos el Medio, escribió que más de 200 familias estas en la espera de que se recobre el programa de “Apoyo Económico para las Hijas e Hijos de Mujeres Víctimas de Feminicidio”, que lleva desde Noviembre de 2025 detenido. Dicho apoyo, operado por la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres este era una de las pocas respuestas institucionales dirigidas a niñas, niños y adolescentes que quedaron en orfandad por feminicidio.
Además, el propio Frente Feminista de Jalisco denunció que la actual administración cortó canales de vinculación con organizaciones acompañantes
“Actualmente ni siquiera tenemos acceso para poder vincular a las víctimas. Estamos frenadas”.
Esto llama profundamente la atención, porque pareciera no tratarse solo de reorganización institucional, sino de una lógica de centralización del Estado sobre quién puede acompañar, intervenir o canalizar los casos de violencia. En lugar de fortalecer redes sociales, colectivas y organizaciones con experiencia real en el territorio. Esto es por menos decir grave ya que se debilita el acompañamiento integral que muchas mujeres necesitan para salir de círculos de violencia. Porque donde el Estado no alcanza —o no quiere alcanzar— han sido las colectivas, refugios y organizaciones quienes históricamente sostienen la atención. Frenarlas no fortalece las instituciones, deja a las víctimas más solas.
Otro caso, el pasado 23 de abril en el programa Bravas de La Coyotera Radio Comunitaria se contó el caso de Daniela Zabalza, ella sufría violencia por parte de su pareja y acudió al Centro de Justicia para las Mujeres buscando protección, pese a ello según relató su madre, en lugar de recibir respaldo institucional fue presionada por un funcionario que le cuestionó
“¿Ya pensaste que al que estás denunciando es al papá de tus hijos?”.
Después le advirtieron que tendría que ingresar a un refugio incomunicada de su familia. Daniela desistió y la hicieron firmar. Denunciar no bastó, el propio sistema la empujó de regreso al riesgo.

Meses después el 19 de junio de 2023 fue asesinada. Cuando desapareció, la negligencia continuó. Policías minimizaron la urgencia diciendo que seguramente “andaba con el novio paseándose”, mientras la familia insistía en que estaba en peligro. Horas después encontraron su bolso dentro de un tambo con cal y posteriormente su cuerpo.
Hoy, a casi tres años del feminicidio, el presunto responsable sigue prófugo, muchas veces en Jalisco la violencia no termina en manos del agresor, también continúa en instituciones que desoyen, retrasan y permiten la impunidad.

¿No es suficiente? Un caso más el día de ayer. Una mujer de 30 años, identificada como Lorena N, fue asesinada brutalmente por su expareja dentro del restaurante donde trabajaba como mesera, en Reynosa, Tamaulipas. El agresor, Cándido N, de 38 años, primero la apuñaló y después la decapitó en un acto de violencia extrema que conmocionó al país.
Los hechos ocurrieron dentro del negocio La Gallina Dorada, donde ambos laboraban. Tras cometer el crimen, el sujeto también agredió a paramédicos y policías que acudieron al lugar, por lo que tuvo que ser sometido con disparos. Ahora enfrenta cargos por feminicidio y tentativa de homicidio.
¿Cuántos casos más tienen que ocurrir para que se entienda la gravedad de la crisis? En México entre 10 y 11 mujeres son asesinadas cada día, según cifras oficiales. No son hechos aislados ni “arranques de ira”; son expresiones de una violencia estructural alimentada por la impunidad, la indiferencia institucional y una sociedad que se acostumbra demasiado rápido al horror. Cada nuevo caso confirma que para miles de mujeres ni el trabajo, ni la calle, ni el hogar representan espacios seguros.
— La Lucha Continúa!
Dirección General de Revista Para Esto!
#Feminicidio #Jalisco #NiUnaMenos #ViolenciaDeGénero #JusticiaParaTodas




















