Guadalajara, Jalisco – 11 de Marzo de 2026

La primera marcha que salió a las calles este año fue la del Frente Feminista de Jalisco. Partió a las 2 de la tarde desde la Glorieta de los Desaparecidos rumbo a la Antimonumenta, marcando el inicio de una jornada de protesta y memoria en el marco del 8 de marzo.

El 8 de marzo es un día agridulce para todas las mujeres que luchan día a día contra una realidad que las oprime, que las violenta, que las somete. Es un día donde la rabia se libera y el silencio se rompe, una ruptura que obliga a quien se cruce a escuchar. Pero sobre todo es un día de reconocimiento, uno que lastima con una brutalidad aplastante.

El primer momento de tensión con la autoridad ocurrió frente a la Rectoría de la Universidad de Guadalajara. En ese punto, la intervención del espacio quedó a medias, ya que frente a las puertas se encontraba un contingente de policías armando una valla para proteger la entrada.

Durante varios minutos, las manifestantes exigieron a las oficiales que se identificaran, algo que nunca ocurrió. La situación deja entonces una pregunta en el aire: si las oficiales no se identifican, ¿qué las distingue realmente de grupos paramilitares?

Al llegar a su destino, la marcha fue encapsulada por el Estado con múltiples vallas metálicas y un amplio despliegue de oficiales de policía que impedían el paso hacia la iglesia ubicada junto a Plaza de Armas —protegida también por personas vestidas de blanco que formaban un cerco humano— así como hacia Palacio de Gobierno.

Tras varios momentos de tensión, se logró un acuerdo para retirar las vallas de uno de los costados. El quiosco fue intervenido y, ya dentro del espacio, varias mujeres tomaron la palabra para denunciar casos de violencia vicaria y la ineptitud del gobierno para responder a estas situaciones.

Entre los testimonios se mencionó el caso de Niza Sainz, quien alzó la voz para denunciar a su agresor. Niza fue brutalmente apuñalada en el cuello por su esposo tras negarse a besarlo. Después del ataque, Hans Manuel Berni Corona, su agresor, se llevó a sus hijos.

La voz se levantó en nombre de todas: las muertas, las desaparecidas, las violadas, las que sufren violencia vicaria, las golpeadas, las silenciadas, las violentadas y todas aquellas a quienes atraviesa, de cualquiera de sus formas, el sistema patriarcal.

Horas más tarde se llevó a cabo una segunda marcha, considerablemente más grande y también más caótica. El contingente partió desde el Parque Morelos rumbo al andador Palestina.

Al finalizar el recorrido se leyó un pliego petitorio y se realizó un concierto frente al Museo de las Artes (MUSA).

Sin embargo, la jornada volvió a tensarse cuando un bloque negro, acompañado por múltiples mujeres que gritaban al unísono “UDG encubre violadores”, prendió fuego a banderines y también dentro de las puertas del museo.

Personal del recinto apagó el fuego y dispersó a la multitud utilizando extintores. Inmediatamente, se formó un cerco de policías alrededor del lugar, entre ellos también elementos masculinos.

La tensión escaló cuando algunas manifestantes lanzaron botellas de agua contra los oficiales. El enfrentamiento derivó en un momento más violento en el que dos compañeras fueron agredidas y posteriormente detenidas.

Finalmente, se logró negociar su liberación.

“Pues nada, lo que pasa es que ahorita la policía de aquí arrestó a unas compas. Primero nos dijeron que las habían arrestado, se sabe que usaron violencia. Luego cuando fuimos a buscarlas pedimos que nos dejaran verlas; pedían a cambio que nos calmáramos. Obviamente dijimos que no hasta que nos dieran señales de ellas.

La policía nos dejó pasar a algunas de las compas para ver que ellas estuvieran bien. Bueno, entre comillas, porque están en la parte de Protección Civil.

Se habló del trato, ¿no? El trato es retirada del espacio donde está protegiendo la poli y las compas ya están sueltas. Ahora sí que a veces toca sacrificar la rabia por las compas”, relató una de las manifestantes que pudo ingresar para verificar su estado.

Entre vallas, policías y consignas, el mensaje volvió a quedar claro: mientras la violencia contra las mujeres siga siendo una realidad cotidiana, las calles seguirán siendo el espacio donde esa rabia se organiza y se hace escuchar. Y aunque ha habido mejoras, son insignificantes ante la violencia estructural milenaria que sufren las mujeres.

— La Lucha Continúa

Lily Galarza

Comité de Direccion General de Revista Para Esto!

#8MGuadalajara #NiUnaMenos#8M2026 #JusticiaParaLasMujeres

 

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