Este 23 de noviembre se cumplen 55 años del asesinato del compa Arnulfo Prado Rosas, joven de barrio, militante del FER y figura clave para entender cómo la violencia del Estado y sus brazos estudiantiles reaccionarios se ensañaron contra la juventud organizada en Guadalajara. A Arnulfo lo mataron a los 20 años, pero su nombre sigue vivo en San Andrés, en la memoria de los que lucharon y en la rabia de los que vinimos después.

Arnulfo no era cualquier joven, era uno que buscaba un mundo mejor. Creció en San Andrés, uno de esos barrios que el gobierno siempre ha intentado controlar pero que, al mismo tiempo, le han dado a esta ciudad algunos de sus movimientos populares más fuertes. Entre pandillas juveniles que se politizaban —como los Vikingos— y una Guadalajara que hervía después del 68, Arnulfo agarró camino con el Frente Estudiantil Revolucionario, una organización que no solo hacía volanteos, hacían política real, de la que incomoda.

Su asesinato, el 23 de noviembre de 1970, fue obra de la FEG, ese grupo porril que durante décadas funcionó como el brazo sucio del régimen en Jalisco. La muerte de Arnulfo no fue un pleito callejero ni un “exceso” estudiantil, fue un crimen político, producto de un sistema que no toleraba la organización popular y que usó a la FEG para sembrar miedo y poner límites a la radicalización juvenil.

Pero si algo quedó claro desde entonces es que matar a Arnulfo no detuvo nada. Al contrario: encendió más focos, organizó más conciencias y se convirtió en uno de esos hechos que empujaron a muchos jóvenes a ir más lejos, en ocasiones hasta las armas. En su funeral —como cuentan los que estuvieron ahí— no solo hubo lágrimas, hubo decisiones. Porque su muerte no fue entendida como un final, sino como una confirmación de que el Estado estaba dispuesto a todo.
Sus restos descansan en la cripta que está muy cercas de donde el organizo la lucha de muchos jovenes. No es un mausoleo ni un monumento, es un recordatorio de que las luchas verdaderas nacen abajo, sin permisos, sin discursos oficiales. Y aun así, cada tanto, llegan compas, ex militantes del FER, de la LC23S. gente del barrio y jóvenes que recién conocen su historia. Le llevan flores, le cantan, le dejan palabras. Y es que Arnulfo no es un símbolo es un espejo de la realidad de lo que viven muchos de los jovenes de jalisco.
Hablar hoy de Arnulfo Prado Rosas es mirar de frente a una Guadalajara que todavía no resuelve sus deudas con la memoria. La FEG operó durante décadas con total impunidad, el Estado negó, ocultó y normalizó su violencia y muchos de los responsables de aquella guerra sucia urbana murieron sin tocar cárcel. Mientras tanto, nombres como el de Arnulfo siguen siendo los que sostienen el relato de la resistencia real en esta ciudad.
A 55 años, lo que queda claro es que la lucha que él empezó no ha terminado. Porque la desigualdad, la represión y las desapariciones siguen mostrando que este país no aprendió nada. Recordar al compa no es nostalgia, es una exigencia política. Y también un aviso:
“La memoria no se borra con los años, aunque ellos lo intenten. Y cuando un compa cae, los otros seguimos la lucha.”
¡Por una universidad publica, gratuita, democrática y científica! que le quede bien en claro a la Universidad de Guadalajara y a sus grupos porriles de la Feu Udeg, que los jovenes organizados estamos dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias para sostener y seguir la lucha que tantos compas antes dieron la vida por empezar.
— La Lucha Continúa!
Dirección General y Comité de Redacción de Revista Para Esto!

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here