La calle es una cimentación de lucha, conciencia y memoria. Este 26 de septiembre del presente año se cumplen doce años de una verdad incumplida, fragmentada por si misma, torturada con el pasar del tiempo e indolente porque todavía no existe justicia por los compañeros desaparecidos de la Escuela Normal Isidro Burgos, Guerrero, por el mismo Estado en 2014 durante el sexenio del priista maniquí Enrique Peña Nieto. Aquello no exenta de responsabilidad al gobierno actual, pues varios responsables del hecho siguen en funciones de su cargo o simplemente están prófugos sin alguien que los aseche por sus actos criminales.

No han muerto camaradas a pesar de que el pasado los quiera borrar de la memoria de los mexicanos, violencia histórica y golpes del olvido tentador de gobiernos supuestamente progresistas. Después del grito está presente su ausencia en cada uno y una de los estudiantes que marchan, pintan y vociferan en los cimientos de la jungla de cemento que llamamos hogar, impactante nombre para un sitio inseguro plagado de políticos y servidores públicos corruptos entrelazados con el crimen organizado para hacer el trabajo sucio para después llenarse sus podridos bolsillos de billetes manchados de sangre. Eso abonando las pretensiones de desaparecer a las normales rurales del país con la suposición de ser “cuna de guerrilleros”, así como lo declaró Elva Esther Gordillo en su momento, sin embargo la lucha sigue vigente porque saben que un pueblo educado piensa más allá de su existencia, ese es el verdadero terror de los delincuentes de saco y corbata, conjunto con los de corridos y armas.    

De esta manera, este 24 de septiembre en las urbes de la ciudad de Guadalajaramarcharon los normalistas rurales de la escuela Miguel Hidalgo de Atequiza del Parque Rojo hacía Plaza de Armas en compañía de organizaciones revolucionarias y solidarios afines a la resistencia del olvido por aquellos cuarenta y tres estudiantes que les arrebataron los sueños de ejercer el conocimiento básico para estudiantes en lugares marginados. La movilización representó simbólicamente la convicción y el carácter de jamás permitir en ninguna circunstancia borrar en el cique colectivo que el Estado y el narcotráfico son cómplices, amigos ignorados, sinónimos, de aquella noche estrellada derramada de sangre. La justicia no la pueden ejercer los culpables.

Canser

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