En días recientes, cientos de personas solidarias —no consumidoras pasivas— caminaron los pasillos de la FIL con algo más que bolsas llenas de libros. Se les veía con kufiyyas al cuello, banderas palestinas amarradas a las mochilas, pines y parches de sandía, ese símbolo internacional que nació para burlar la censura. No era ornamento, era un posicionamiento político dentro de un espacio que presume pluralidad, pero que históricamente ha tomado partido por el opresor.
Esto coincidió con la presentación pública de la embajadora de Palestina en México, Nadya Rasheed, quien volvió a nombrar lo que muchos intentan ocultar con tecnicismos diplomáticos, el genocidio ejecutado por el Estado de Israel. Mientras tanto, afuera de los reflectores institucionales, el Comité de Solidaridad con Palestina GDL se organizó durante los días de la feria para empujar una exigencia que hoy ya suena inevitable, que el próximo invitado de honor sea Palestina, no otro escaparate para el colonialismo disfrazado de intercambio cultural.
La memoria sigue viva, muchxs recuerdan el episodio vergonzoso de la FIL 2013, cuando Israel fue el invitado de honor en plena intensificación de la ocupación y las masacres. Hoy once años después, la solidaridad que se cuela en forma de colores, telas y símbolos vuelve a incomodar a quienes administran la “neutralidad” como si fuera sinónimo de silencio cómplice.
Y mientras en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se habla de diversidad, otras instituciones académicas del país ya asumieron una postura ética mínimamente coherente, @El Colegio de Mexico (COLMEX) y el @Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) rompieron relaciones académicas con Israel ante las evidencias del genocidio. La UdeG mantiene vínculos, convenios y colaboraciones como si nada estuviera pasando, escondiéndose detrás de la diplomacia cuando se trata de exigir dignidad.
Ante parte de la academia mexicana ya entendió que no se puede colaborar con un Estado que bombardea universidades, bibliotecas y hospitales. La UdeG no. Por eso la solidaridad popular aparece donde las instituciones fallan, en los pasillos, en las mochilas, en las banderas que no se pueden censurar tan fácil.
– ¡Desde el Rio hasta el Mar! ¡Palestina Vencerá! 🇵🇸
— La Lucha Continúa!

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