El pasado 31 de octubre de 2025, alrededor de las 2:10 de la tarde, estudiantes de la Escuela Normal Rural “Miguel Hidalgo” de Atequiza, Jalisco, se unieron al plantón que mantienen personas indígenas desalojadas de San Sebastián el Grande, en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, para exigir condiciones básicas de vida: vivienda, alimentos y agua. La protesta se da como parte de las movilizaciones que, cada 28 de octubre, las normales rurales del país realizan desde hace más de tres décadas, en memoria de la represión ocurrida en 1988 y en exigencia del cumplimiento de acuerdos que el Estado ha firmado y sistemáticamente incumplido. “No exigimos ni más ni menos, exigimos lo justo. Estamos pidiendo lo que ya se nos prometió y que no se ha cumplido. No venimos a pedir lujos, sino dignidad”, señalaron los estudiantes durante la jornada.

De acuerdo con los manifestantes, los compromisos incumplidos incluyen mejoras en las instalaciones, acceso a agua potable y una alimentación digna. Actualmente, los normalistas denuncian que la ración diaria asignada a cada estudiante es de apenas 80 pesos —monto insuficiente para cubrir desayuno, comida y cena—, lo que refleja las condiciones precarias en las que sobreviven las escuelas normales rurales. “Antes teníamos lo que era la ración por persona de 80 pesos. 80 pesos para tu desayuno, comida y cena, y sabemos perfectamente que nadie come con ese dinero. Entonces, lo que se exige pues es mejorar las instalaciones, mejorar lo que sería el alimento o cualquiera de estas cosas. Entonces, pues a lo que venimos, no venimos a hacer destrozos, venimos a pedir”, señaló uno de los estudiantes.

El movimiento tiene su raíz en los hechos del 28 de octubre de 1988, cuando estudiantes de Atequiza fueron reprimidos por policías al intentar apoyar a una escuela hermana en Ayotla, Guerrero. Desde entonces, la fecha se ha convertido en símbolo de resistencia y memoria colectiva. Cada año, los normalistas realizan dos acciones principales: primero un meeting para difundir sus demandas, y posteriormente un plantón en espacios públicos, con el objetivo de presionar al gobierno del Estado de Jalisco a cumplir sus compromisos. “Venimos en son de paz. Solo nos manifestamos mostrando nuestras mantas, exigiendo lo justo. Lo único que hacemos es parar el tráfico para meter presión, pero sin violencia”, afirmaron los jóvenes.
Durante el plantón, los estudiantes de Atequiza destacaron que su formación no se limita a lo académico, sino que incluye los ejes político, cultural, deportivo y comunitario, entendidos como herramientas para transformar la realidad. “Como normalistas rurales, nosotros lo que queremos es ser semillas de mejorar la sociedad, no nomás es ir a plantarse en una escuela y dar clases, porque para eso están las otras normales. Un normalista lo que hace es ir a los cerros, a los lugares más marginados, dar educación, enseñar cómo se manejan las tierras, enseñarle a los niños sobre deportes, cualquier cosa. No nomás llegar y dar clase, no nomás es pararte enfrente de una escuela”, explicó otro de los estudiantes.
Para los normalistas rurales, la docencia es un acto profundamente político y de compromiso con las clases populares. Su lema, “ser pueblo, estar con el pueblo”, resume la filosofía que guía su lucha y su vida. “Nosotros no solo exigimos para nosotros, sino también para quienes están siendo despojados. La educación rural nació del pueblo y se mantiene con él. Nuestra lucha es por justicia, por dignidad y por la vida.”

Los estudiantes recordaron también los ataques recientes contra las normales rurales, como el ocurrido el 11 de febrero de este año, cuando policías irrumpieron en las instalaciones de Atequiza y golpearon a varios compañeros. Denunciaron la campaña mediática que busca criminalizar su movimiento, presentándolos como “vándalos” o “agitadores”, pese a que sus movilizaciones históricamente se han caracterizado por la organización y el carácter pacífico.
“Nos acusan de violentos, pero Atequiza siempre se ha manifestado de forma pacífica. Solo respondemos cuando la represión es ley. Porque cuando la tiranía es ley, la revolución es orden.”
El plantón no solo representa la exigencia de los normalistas, sino también la solidaridad activa con las familias indígenas desalojadas, que perdieron sus viviendas tras operativos del Estado. Los estudiantes afirmaron que su presencia busca unir las luchas del pueblo, no separarlas. “Igualmente también venimos viendo que también se está manifestando aquí los que los quemaron sus casas, se los derrumbaron, pues también ayudarles un poco. Ya que también como normalistas rurales, no nomás exigimos para nosotros, exigimos para el pueblo. Ya sería una frase muy bien dicha de nosotros: el pueblo ser pueblo y estar con el pueblo.”
El plantón continúa, y con él una historia que se renueva cada año: la de jóvenes que, desde las aulas rurales, siguen defendiendo la memoria, la educación pública y el derecho del pueblo a vivir con dignidad.
— La Lucha Continúa!




















