Guadalajara, Jalisco – 21 de Febrero de 2026

La Asamblea Interuniversitaria volvió a reunirse el pasado miércoles 18, en un momento donde el aumento al transporte, la precarización cotidiana y la vigilancia dentro de la propia universidad ya no pueden ignorarse. Lo que atraviesa hoy a la comunidad estudiantil no es solo un descontento coyuntural, sino un proceso más profundo en el que el costo de estudiar aumenta mientras las condiciones materiales y políticas se estrechan. El llamado tarifazo no es únicamente un ajuste económico, es un golpe estructural que traslada la crisis hacia quienes dependen del transporte público para sostener su formación académica.

Cada peso que sube el pasaje impacta directamente en la posibilidad de asistir a clases, de trabajar y estudiar al mismo tiempo, de permanecer en la universidad. A esto se suma la bancarización forzada mediante la empresa Broxel que convierte el derecho a la movilidad en un mecanismo financiero que concentra datos y condiciona el acceso. No se trata solo de pagar más, sino de hacerlo bajo un esquema que privatiza información y normaliza el control impulsado por Pablo Lemus Navarro y el Gobierno de Jalisco.

En la discusión interuniversitaria quedó claro que las vías institucionales han sido insuficientes. Firmas, exhortos y comunicados no han detenido el aumento. Por eso comenzó a plantearse que el tarifazo no debe entenderse únicamente como un problema estudiantil, sino como un problema de clase. El transporte no afecta solo a quienes estudian, sino a quienes trabajan, a quienes sostienen esta ciudad día a día. La necesidad de articularse con sindicatos, camioneros, profesorado y sectores obreros dejó de ser una consigna retórica y empezó a asumirse como estrategia. Porque si el transporte es negocio para unos cuantos, entonces la disputa ya no es administrativa, es política.

Paralelamente, la falta de comedores suficientes y accesibles se volvió uno de los ejes más sentidos. La precariedad no es un discurso es el estudiante que tiene que decidir entre pagar el pasaje o comer. En ese contexto, los comedores comunitarios han dejado de ser iniciativas aisladas para convertirse en espacios de organización. La creación de una Comisión Interuniversitaria de Comedores Comunitarios no solo responde a la necesidad de coordinar insumos o compartir experiencias, por ello responde a la urgencia de sostener materialmente la vida estudiantil. Mientras la universidad proyecta modernización y crecimiento institucional, buena parte del estudiantado se organiza para garantizar algo tan básico como la alimentación. La exigencia empieza a tomar forma política: comedores subsidiados, presupuesto etiquetado, infraestructura digna. No como caridad, sino como disputa directa por el modelo universitario y por el destino de los recursos públicos.

Pero junto al tarifazo y la falta de comedores, se ha ido consolidando otro fenómeno más preocupante, el cerco interno. Desde la Revista Para Esto!, nosotros como estudiantes de la Universidad de Guadalajara, hemos documentado cómo el libre tránsito entre centros universitarios se ha restringido de manera sistemática.

Estudiantes con credencial vigente no pueden ingresar a otros campus; en muchos casos, ni dejando identificación en seguridad se les permite el acceso. Lo que debería ser una comunidad universitaria abierta se convierte en un conjunto de espacios fragmentados, vigilados y condicionados. A esto se suma la implementación de sistemas de reconocimiento facial bajo el argumento de modernización y seguridad. Sin embargo, cuando estas prácticas se desarrollan en un contexto de organización estudiantil, vigilancia y seguimiento, el sentido cambia. La tecnología deja de ser administrativa para adquirir un carácter político.

El cruce entre universidad y poder partidario tampoco puede ignorarse. El exrector de la UdeG, Ricardo Villanueva Lomelí hoy subsecretario de Educación Superior, se perfila como próximo delegado de Morena Jalisco. Esta circulación entre aparato universitario, gobierno federal y estructura partidaria evidencia que la universidad no está aislada del juego político estatal. Cuando las fronteras entre gestión académica y estructura de poder se diluyen, la vigilancia interna y las restricciones dejan de parecer meramente administrativas y comienzan a entenderse como parte de una lógica de control más amplia.

La Comisión de Seguridad de la Asamblea advirtió que la vigilancia y el acoso no son paranoia. Se han documentado seguimientos, intentos de intimidación y recopilación de información sobre estudiantes organizados. El protocolo presentado no busca frenar la movilización, sino reconocer que el terreno ha cambiado. No se trata de moderar la lucha, sino de asumir que el escenario se ha vuelto más áspero.

Y el contexto que se avecina tampoco es menor. De cara al Mundial que tendrá como una de sus sedes a Guadalajara, los procesos de “ordenamiento” urbano, control del espacio público y contención de la protesta suelen intensificarse. Las ciudades que se convierten en escaparate internacional tienden a reforzar mecanismos de vigilancia y regulación. Si hoy ya se restringe el tránsito interno y se normaliza el reconocimiento facial, es legítimo preguntarse qué ocurrirá cuando la ciudad entre en lógica de exhibición global.

El tarifazo golpea la economía cotidiana, la falta de comedores golpea el cuerpo y la vigilancia golpea la organización. Separados, cada problema parece sectorial; juntos, configuran un escenario de control creciente. La universidad, que en su discurso se presenta como espacio crítico y plural, empieza a comportarse como un actor político que administra el acceso, filtra la movilidad y observa a quienes se organizan. Frente a ello, la respuesta no ha sido el repliegue absoluto, sino la articulación. Con diferencias y tensiones, la Asamblea Interuniversitaria continúa construyendo coordinación. La pregunta ya no es si hay motivos para unirse, sino si seremos capaces de hacerlo antes de que el cerco termine de cerrarse.

Compañeros de todos los centros universitarios, ¡uníos! ¡Todos juntos en defensa de los derechos estudiantiles, defendamos nuestra Universidad!

— La Lucha Continúa!

Mario Antonio López Carbajal

Director General de Revista Para Esto!

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