Durante una reunión entre autoridades universitarias y estudiantes de la licenciatura en Psicología, el problema recurrente de los cupos volvió a ponerse sobre la mesa. Aunque el discurso institucional insistió en la apertura al diálogo y en la voluntad de apoyar al estudiantado, el encuentro evidenció una vez más la distancia entre la retórica administrativa y las condiciones reales que enfrentan las y los estudiantes.
Desde el inicio, las autoridades subrayaron que “la intención es que todo el mundo tome el curso que considere que le va a aportar a su formación” y que “todos van a quedar en sus cursos y tener un extraordinario semestre”. Sin embargo, estas afirmaciones estuvieron acompañadas de una constante apelación a trámites, solicitudes individuales, análisis caso por caso y llamados a la paciencia.
El rector, el Mtro. Eduardo Gómez Sánchez señaló que el problema no es de voluntad política, sino de gestión administrativa “Entendamos que son procesos administrativos y de gestión, no es que tengamos como meta que no se inscriban, al contrario, queremos que lo hagan, pero esto lleva un proceso” dijo. Para la administración, el conflicto se reduce a ajustes técnicos y programación de horarios.
No obstante, para el estudiantado, la falta de cupos no es un problema abstracto. Afecta directamente la organización de su vida cotidiana: trabajo, becas, comisiones deportivas, salud mental y permanencia escolar. La incertidumbre, reiteraron, se vive como una forma de violencia institucional.
Uno de los puntos centrales del discurso institucional fue la insistencia en que toda solicitud debe ser unipersonal. La secretaria académica fue clara, “Legalmente una persona no puede hacer un trámite por otro. Son solicitudes unipersonales, y eso también es una garantía para ustedes”.
Si bien este argumento puede ser válido en términos administrativos, en la práctica funciona como un mecanismo que traslada toda la carga del problema al estudiante individual. La institución evita así reconocer el carácter estructural del conflicto y fragmenta cualquier intento de respuesta colectiva.
La propia coordinación de la licenciatura explicó que no es posible garantizar cupos de manera general, “No es automático, lo pido y me lo dan. Tiene que hacerse un análisis de cuántos alumnos tiene cada profesor, los horarios, la programación, y luego se responde al alumno”. Bajo esta lógica, el problema deja de ser político o estructural y se convierte en una suma de “casos especiales”.
A lo largo de la reunión, las autoridades reconocieron la desesperación estudiantil y las fallas constantes de la plataforma de inscripción.
“Sabemos que la plataforma se cae por saturación”, admitieron, aunque sin asumir una responsabilidad institucional directa ni ofrecer soluciones estructurales.
Por el contrario, la contención del conflicto fue delegada al estudiantado organizado. “Ayúdennos a tranquilizar a sus compañeros”, “díganles que manden su correo”, “apóyennos difundiendo la vía correcta”, fueron algunas de las peticiones reiteradas. Así, la administración descarga en los propios estudiantes la tarea de gestionar el malestar que ella misma produce.
En ningún momento se nombraron las causas de fondo, como falta de profesores, sobrecarga de grupos, límites presupuestales, mala planeación académica o decisiones políticas internas. Todo se explicó como un problema técnico de plataformas, comunicación o ajustes administrativos.
Este silencio no es casual. Al no reconocer el carácter estructural del problema, la institución logra administrar el conflicto sin resolverlo, aplazándolo semestre tras semestre bajo la promesa de que “todos van a quedar”.
El posicionamiento estudiantil, lejos de ser confrontativo, fue políticamente claro, señalar que la incertidumbre también daña, que el problema es recurrente y que la organización colectiva no puede ser anulada bajo pretextos administrativos.
Lo ocurrido confirma un patrón conocido, dentro de la gestión universitaria apela a la buena voluntad y al trámite para evitar compromisos colectivos y medibles. No se trata de que la institución “no quiera ayudar”, sino de que el modelo está diseñado para contener el conflicto, no para transformarlo.
Y por eso, cada semestre, el malestar vuelve.
Los miembros de Revista Para Esto! Estuvieron presentes apoyando a los compañeros de la Asamblea y viendo la situación, por lo que entendiendo como es la dirección en la que los administrativos del CUCS dejan sus “soluciones” asumiremos un nuevo plan para exigir respuesta que sea coherente con las exigencias de los alumnos.
— La Lucha Continúa!
Mario Antonio López Carbajal
Director General de Revista Para Esto!

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